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El dolor muscular… ¿es siempre una “contractura”?

En esta oportunidad intentaremos dar a los lectores de Kabrerix una explicación fundamentada de eso que comúnmente llamamos “contractura muscular”.

La salud del sistema muscular es un requisito ineludible para todo deportista. Los músculos son órganos capaces de cambiar rápidamente sus dimensiones de reposo para producir movimientos de gran energía, o de gran precisión, de acuerdo con las demandas del momento. Más aún, los músculos, bajo la coordinación fina del sistema nervioso, poseen la capacidad de actuar en conjunto conformando una cadena de movimiento en la cual algunos desempeñan una función de impulso, otros ejercen una función de estabilidad, y otros realizan movimientos finos de ajuste de la posición de un segmento. En las extremidades inferiores, estas funciones combinadas ocurren constantemente en gestos como la marcha, la carrera y el salto, de manera inconsciente y bajo un principio de economía, lo que significa que la cantidad de músculos activados y el grado de activación (o contracción) de cada músculo será la necesaria para evitar un gasto innecesario de energía.

Por otra parte, los músculos tienen, al igual que el resto de los componentes del sistema locomotor, un grado de tolerancia a la carga mecánica. Esto significa que existe un límite en la cantidad de ejercicio a la que puede ser sometido un músculo o un grupo muscular determinado, por encima del cual un excedente podrá conducir a lesión. Esta premisa se enmarca dentro de otro principio biológico al cual responden todos los componentes del sistema locomotor, que no es más que el principio de “homeostasis”. Dicho de forma sencilla, este concepto nos indica que nuestro cuerpo posee un nivel de tolerancia al ejercicio por dentro de la cual los músculos, tendones, articulaciones, y demás estructuras, pueden aceptar las demandas del entrenamiento sin lesionarse; contrariamente, aquellas actividades que impliquen una carga superior a dicho nivel de tolerancia, puede resultar en lesión, ya sea aguda (es decir, de inicio repentino) o crónica (de inicio gradual en el tiempo). El siguiente gráfico, tomado de los artículos publicados a fines de los años 90’ por el Dr. Scott Dye, sirve a los efectos de comprender este fenómeno.

El esquema de ejes cartesianos nos muestra una horizontal que corresponde a la frecuencia (frequency) y una vertical que corresponde a la carga (load) de ejercicio, y una curva central en negrita que marca del límite superior del área de función (envelope of function). Las actividades que se encuentren por debajo de esta línea, serán bien toleradas por todos los tejidos, mientras que aquellas que se encuentren por encima de ella pueden implicar sobrecarga fisiológica (zone of supraphysiologic overload) o posibilidad de lesión aguda (zone of structural failure). Por ejemplo, nuestras rodillas pueden tolerar un salto desde 2 m sólo una mínima cantidad de veces por semana (frequency), puesto que demandan una cantidad elevada de carga (load). Por el contrario, podrán tolerar una caminata de 10 km varias veces por semana, ya que la carga es mucho menor. Cabe destacar que el área de función no posee el mismo tamaño en todas las personas. Factores como el sobrepeso, las desalineaciones de las piernas, las lesiones previas, el desacondicionamiento físico, entre otros, pueden reducir significativamente la cantidad de carga tolerada.

 

¿Por qué estos conceptos son importantes para explicar lo que es una contractura?

En publicaciones anteriores nos referimos a los desgarros musculares. Dichas lesiones son objeto de una gran cantidad de investigaciones en torno al deporte, y aun así, muchas veces existen discrepancias en la forma de diagnosticarlas y clasificarlas. El año 2012 un grupo de expertos de varias partes del mundo se reunió con la finalidad de diseñar un esquema de clasificación de las lesiones musculares, dando origen al denominado Consenso de Munich (Tabla).

Observando la tabla, encontraremos una primera forma de dividir los trastornos musculares, a saber, en lesiones indirectas y directas. Entre las segundas se ubican las lesiones por contusión (un desgarro producido por un impacto no cortante, popularmente conocido como “paralítica”) y las lacerantes. Entre las primeras, se distinguen aquellas que no implican una lesión estructural y se las denomina “funcionales”, y aquellas que sí se acompañan de lesión estructural. El término “funcionales” hace referencia precisamente a que en el ese tipo de cuadros no se produce una alteración de la estructura, sino de la función. Dicho más sencillamente, un trastorno funcional no podrá ser visto en un estudio de ecografía o resonancia magnética, mientras que uno de tipo estructural sí podrá ser visto.

La siguiente pregunta puede ser entonces, ¿qué función del músculo se encuentra alterada en dichas lesiones? La respuesta es: el tono. El tono normal de un músculo es un estado de semi-contracción que hace que al palparlo no se aprecie un estado de flaccidez (cuando el tono está disminuido), ni de rigidez (cuando el tono está aumentado). Como muestra la tabla, los trastornos funcionales se dividen en aquellos relacionados con el esfuerzo excesivo (tipo 1) y aquellos de origen neuromuscular (tipo 2). Estos últimos no tienen relación con el deporte, sino con patologías de otra índole. En cambio, los primeros corresponden a situaciones de sobrecarga deportiva que bien podría decirse que se da de forma aguda o crónica. La sobrecarga aguda ocurre cuando una persona realiza una cantidad de ejercicio para la cual no está preparada. Es el típico caso de dolor muscular que se siente al día o dos días siguientes de haber comenzado el gimnasio, y la persona siente, por ejemplo, dolor en los pectorales por sobrecarga en el ejercicio de press de banco, o en los cuádriceps como resultado de un exceso en el ejercicio de sentadilla. En esa situación, la persona experimenta lo que se denomina “dolor muscular de origen tardío” (DOMS es la sigla en idioma inglés), también conocido como “agujetas”.

Por el contrario, la sobrecarga crónica ocurre cuando existe un nivel de ejercicio levemente superior al que el deportista puede soportar, pero que se mantiene en el tiempo. Es el caso del corredor que entrena 3 veces por semana y asiste al gimnasio otras 2 veces por semana, con poco descanso entre las sesiones de entrenamiento. La sobrecarga en este caso puede no ser la suficiente como para que este deportista deba abandonar el entrenamiento por unos días, pero sí para que perciba un nivel permanente de rigidez en uno o varios grupos musculares. En esta situación, el deportista puede quejarse de dolor y dificultad en el movimiento, y la exploración mediante ecografía u otra forma de diagnóstico por imágenes no arrojará ninguna anormalidad. Este incremento en la rigidez es a lo que comúnmente denominamos “contractura”, y no es más que un aumento del tono muscular (es decir, un hipertono) como consecuencia del sobreentrenamiento. Por lo tanto, este tipo de trastorno es entendido más bien como un mecanismo de adaptación, y no como una verdadera lesión.

 

Creo que tengo una contractura… ¿Qué hago?

El entrenamiento dentro de los niveles adecuados puede producir un aumento fisiológico del tono muscular. En ese caso, la situación correspondería a una adaptación asintomática, es decir, a un cambio en la función muscular que responde a las necesidades de la práctica deportiva. Sin embargo, en ocasiones y por diferentes factores, esta adaptación puede acompañarse de dolor y pérdida de la movilidad, y es aquí cuando el deportista sentirá la necesidad de consultar a un profesional. Por lo tanto, las recomendaciones en dicho caso son:

. Consultar a un profesional para que este realice un análisis completo de la situación, incluyendo preguntas sobre la cantidad semanal de entrenamiento, el descanso, los cambios recientes en la carga, los elementos accesorios (como por ejemplo, el calzado) y la superficie de entrenamiento, los antecedentes de lesión, la alimentación, entre otros. Además, el profesional deberá realizar un examen biomecánico del gesto deportivo (como por ejemplo, la forma de correr o saltar), como así también una exploración física minuciosa para identificar los músculos afectados por la sobrecarga deportiva.

. Participar activamente en la recuperación. Esto significa que el deportista no debe esperar que el profesional realice una maniobra curativa milagrosa; sino, por el contrario, debe entender que lo que actualmente limita su rendimiento es la sobrecarga, y que será necesario un tiempo prudente de disminución del entrenamiento hasta que la musculatura recupere su homeostasis, su equilibrio. Posteriormente, deberá ser consciente del nivel de entrenamiento que su cuerpo es capaz de tolerar, y de que los excesos en el entrenamiento aumentarán la posibilidad de volver a sufrir los síntomas. También se debe evitar la ingesta de antiinflamatorios y miorrelajantes, ya que no hace más que esconder los síntomas y retrasar la curación.

. Realizar estiramientos estáticos y dinámicos. Es ampliamente recomendable que el deportista realice movimientos balísticos y estiramientos breves antes de la sesión de entrenamiento, y estiramientos estáticos de larga duración luego de la misma. Asimismo, estas indicaciones pueden formar parte del plan de recuperación, motivo por el cual también deben ser realizadas de acuerdo con las indicaciones del profesional.

 

¿Qué puede aportar la Kinesiología a mi recuperación?

El Kinesiólogo brindará al deportista una mirada particular de la situación, puesto que cuenta con la formación en los aspectos anatómicos, biomecánicos, fisiopatológicos, diagnósticos y terapéuticos en el terreno de las lesiones musculares. Dentro del arsenal de intervenciones terapéuticas, las más aplicables a los efectos de tratar una “contractura” son las terapias manuales (en cualquiera de sus formas), otras más invasivas como la punción seca, los estiramientos, los agentes físicos como la termoterapia y la crioterapia, y el más importante, el ejercicio. Ningún plan de rehabilitación será completo si el deportista no realiza una instancia de reacondicionamiento activo supervisado por un Kinesiólogo.

 

Espero que estas líneas sean de interés para los lectores de Kabrerix, y los saludos a todos afectuosamente hasta la próxima nota.

 

Imagen de usuario | Diego Bordachar

SOBRE EL AUTOR

Diego Bordachar


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