Salud

Lesiones frecuentes en corredores: la “rodilla del corredor”.

Decir que las extremidades inferiores -las “piernas”- son, por lejos, las más afectadas por las carreras de larga distancia, no provocará sorpresa en ningún corredor. No podría arrojar un porcentaje exacto, pero podría afirmar que casi todo corredor ha experimentado algún tipo de malestar, fatiga o lesión en sus piernas como resultado del entrenamiento y la competición. El dolor en la parte de adelante de la rodilla se destaca por ser uno de los síntomas más frecuentes, y porque en muchos casos conduce al abandono de la actividad deportiva. Conocer este cuadro y sus posibilidades de tratamiento te ayudará a no tomar esa penosa decisión.

La rodilla es la articulación media de la extremidad inferior, y está conformada por tres huesos: el fémur, que es el hueso del muslo y el más largo del cuerpo humano; la tibia, que es el hueso de la pierna y el más ancho entre los huesos largos; y la rótula, que es ese pequeño hueso de forma triangular ubicado por delante de los dos anteriores, generando un abultamiento en la parte delantera de la rodilla. Esta gran articulación tiene cuatro movimientos fundamentales, la flexión, la extensión, y las rotaciones externa e interna. Dichos movimientos ocurren continuamente al caminar, correr, pararse y sentarse, subir y bajar escaleras, y se producen tanto cuando el pie está apoyado en el suelo (en ese caso se habla de una cadena cerrada) como cuando no lo está (cadena abierta).

La rodilla se encuentra reforzada por diferentes estructuras. Dentro de la articulación, los meniscos ayudan, entre otras funciones, a mejorar el encaje entre el fémur y la tibia y a lubricar la articulación. Los ligamentos cruzados, el anterior y el posterior, son cruciales para tener una rodilla estable ante movimientos de gran energía. Por fuera de la articulación, los ligamentos laterales, el interno y el externo, también ayudan a la estabilidad de la rodilla. Finalmente, los grandes músculos que cruzan esta articulación son los responsables del movimiento, y de todos los gestos de aceleración, frenado y amortiguación durante el deporte. En los corredores y otros deportistas, el músculo cuádriceps es la figura principal, ya que se conecta con los tres huesos que conforman la rodilla a través de potentes ligamentos y retináculos.

Todos estos refuerzos ligamentarios y musculares, dan a la rodilla una gran capacidad de soportar las exigencias que impone el deporte. Cuando la intensidad y la frecuencia del entrenamiento son adecuadas, los componentes de la rodilla responden con procesos de adaptación. Por el contrario, cuando la carga de entrenamiento sobrepasa la capacidad de la rodilla de amortiguar y disipar la energía, puede ocurrir la lesión. En los corredores de larga distancia, la forma más común de lesión es la “rodilla del corredor”. Este cuadro se caracteriza por un dolor localizado en la parte delantera (o “anterior”) de la rodilla, que se percibe como si proviniese desde el interior de la rótula o desde atrás, es decir, entre ésta y el fémur. Clásicamente, se acepta que este dolor se origina en el punto de contacto entre la rótula y el fémur, lo que se conoce como articulación femoropatelar o patelofemoral.

Ante esta situación, el corredor recibe comúnmente el diagnóstico de condromalacia rotuliana. Pero, ¿qué significa este término? El prefijo “condro” hace referencia al cartílago, y “malacia” significa reblandecimiento. El cartílago es el material que reviste los huesos cuando éstos contactan entre sí. En las imágenes presentadas, el cartílago se reconoce por el color blanco-celeste. Entonces, el diagnóstico de condromalacia implicaría que el dolor proviene del cartílago que se ha reblandecido debido, entre otros factores, al sobreentrenamiento.

En los últimos años, sin embargo, se ha reconocido que el reblandecimiento del cartílago no es el único cambio que sufre la articulación, y que otros componentes de la rodilla, incluido el músculo cuádriceps y los ligamentos que sujetan la rótula, también se afectan ante la elevada carga de entrenamiento. Como consecuencia, en la actualidad se consideran más adecuados los diagnósticos de síndrome de dolor patelofemoral o, simplemente, dolor anterior de rodilla. Este último nombre, resulta muy pertinente porque se refiere a que el dolor se localiza en esa parte de la rodilla, pero no implica un origen en particular. Todos esto resulta muy importante, debido a que el corredor tiene que saber que el reblandecimiento del cartílago por sí solo, que se observa en la resonancia magnética, no justifica muchas de las intervenciones que se ofrecen comúnmente, como las inyecciones articulares o, menos aún, la cirugía (actualmente se propone sólo en un porcentaje mínimo de casos). También es necesario aclarar que muchas de las medidas adoptadas desde la perspectiva de la Kinesiología, que apuntan a “desinflamar” la rodilla, también pueden ser innecesarias o infectivas. Pero sin duda lo más relevante para el deportista, es saber que este diagnóstico no implica necesariamente que se deba abandonar la actividad física o deporte.

En resumen, la “rodilla del corredor” es un cuadro de dolor en la parte delantera o anterior de dicha articulación, que se produce principalmente por una inadecuada programación del entrenamiento, es decir, correr muchas horas o días en la semana, sin las pausas y el descanso adecuado. Otro importante factor es la debilidad del músculo cuádriceps. El fortalecimiento de este músculo es fundamental para el buen rendimiento del corredor, pero nuevamente, los ejercicios deben ser correctamente dosificados. Los errores que influyen en la aparición de dolor son la forma de realizar los ejercicios, como por ejemplo realizar sentadillas profundas, y la alta frecuencia. Estos puntos serán descritos más detalladamente en futuras notas sobre dolor de rodilla. También pueden influir algunos hábitos cotidianos, como permanecer muchas horas sentado con las rodillas flexionadas o, en las mujeres, el uso de calzado con taco alto. Otros factores propios del corredor son el pie plano o cavo (arco muy elevado), falta de flexibilidad, lesiones anteriores en espalda, la cadera, la rodilla o el tobillo, sobrepeso, etc.

Espero que esta nota sea de utilidad para los lectores de Kabrerix, y que ayude a despejar las dudas sobre esta situación particular de la salud del corredor. Quedo atento a sus preguntas, y saludo a todos hasta la próxima nota!

 

Imagen de usuario | Diego Bordachar

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Diego Bordachar


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