Salud Running

¿Qué son las fracturas por estrés?

La mayor parte de las fracturas en todo el esqueleto son el resultado de caídas y otros accidentes. Sin embargo, algunos deportes se asocian a la ocurrencia de un tipo de fractura que no necesita de un impacto violento para comprometer la salud deportiva.

Los huesos son órganos que tienen el mismo origen que los tendones, ligamentos y cartílagos, pero se diferencian de éstos en el hecho de que su estructura se encuentra mineralizada. Microscópicamente, los huesos tienen una organización compleja naturalmente diseñada para resistir las demandas cotidianas de movimiento, que incluyen cargar peso y servir como palancas para la acción muscular. Su capacidad para responder a esta demanda se debe a su elevada tasa metabólica; es decir, el hueso funciona recibiendo dichos estímulos mecánicos y responde a ellos fortaleciendo y adaptando continuamente su estructura. En otras palabras, el movimiento humano es una condición imprescindible para la salud del esqueleto.

No obstante, esta capacidad no es infinita y los huesos, al igual que otros componentes del aparato locomotor, pueden sufrir las consecuencias del sobreentrenamiento. Bajo estas condiciones, algunos sitios específicos de los huesos del tren inferior (es decir, de la columna lumbar y las extremidades inferiores) pueden sufrir una fractura por estrés. A diferencia de las fracturas que son consecuencia de un único evento traumático, las fracturas por estrés son el resultado de pequeños estímulos de ejercicio que adquieren un carácter acumulativo cuando el deportista no descansa apropiadamente. Además, las fracturas por estrés no afectan a todo el ancho del hueso, si no que se manifiestan como una muesca en un sitio bien localizado. Por este motivo, producen mayormente dolor durante la práctica deportiva, pero pueden permiten al deportista caminar y realizar otras actividades diarias. Estas lesiones son, entonces, el resultado de una sobrecarga mecánica excesiva, en conjunto con tiempos de reposo y recuperación inadecuados. Bajo estas condiciones, el hueso incrementa anormalmente su metabolismo y sufre microfracturas.

Las localizaciones más habituales de las fracturas por estrés son la tibia (23.6%), el astrágalo (el hueso del pie que forma el tobillo, 17.6%), el 2º y 5º metatarsianos (huesos largos del pie, 16.2%), el peroné (15.5%), el fémur (6.6%), la pelvis (1.6%) y la columna lumbar (0.6%). Los atletas que más comúnmente desarrollan estas afecciones son los corredores, pero también suceden en jugadores de básquet y fútbol y en bailarinas. Las mujeres son más propensas que los hombres. Otros factores que pueden aumentar el riesgo son hábitos como la mala nutrición, tabaquismo y alcoholismo. Las mujeres con mala alimentación, amenorrea (ausencia de periodos menstruales) y disminución de la mineralización ósea son particularmente susceptibles, en especial si no tienen experiencia previa y comienzan la actividad con altas cargas, o si aumentan bruscamente el tiempo, frecuencia o la intensidad del entrenamiento. Otro factor casi invariablemente presente son las alteraciones posturales, como pie plano o pie cavo.

Un corredor debería sospechar de una fractura por estrés, y consultar a un profesional, cuando presenta dolor y ha incrementado drásticamente su actividad con poco tiempo de descanso. El dolor es el síntoma predominante, pero no aparece sino hasta que la fractura alcanza cierta magnitud.  El dolor puede variar en localización y percibirse en la rodilla, la cadera o la pelvis. Cuando el deportista es evaluado, el profesional puede encontrar un foco de dolor y sensibilidad a la presión (cuando el sitio de la fractura es presionado). Este es el signo más frecuente y puede combinarse con hinchazón local. Para confirmar el diagnóstico y excluir otras posibles causas de dolor, un médico podrá indicar estudios de imagen como radiografía o resonancia magnética.

 

Dependiendo de la localización y factores propios del deportista, el tiempo de curación de una fractura por estrés puede variar de 4 a 12 semanas, o a veces más, desde que se detiene la práctica deportiva. Sin embargo, el tratamiento debe comenzar ni bien la lesión es identificada. El tratamiento de la fractura por estrés involucra los siguientes puntos:

  1. Lo más importante es que el deportista comprenda que esta lesión necesita tiempo; esto significa que no respetar el tiempo necesario para la curación biológica no hará más que demorar más y más la vuelta a la actividad plena.

 

  1. La medida inicial es aliviar la carga que recibe el hueso afectado, pudiendo variar desde simplemente detener la actividad y permitir la deambulación normal, hasta utilizar una férula y/o muletas dependiendo de la gravedad de los síntomas. Cualquiera sea el caso, la rehabilitación debería comenzar inmediatamente teniendo en cuenta la premisa de que el “tratamiento precoz” no implica que el tratamiento sea agresivo, es decir, las intervenciones kinesiológicas se adecuarán a la realidad del paciente evitando en todo momento la presencia de dolor.

 

  1. Asimismo, se debe alentar al deportista a realizar todas las actividades que no produzcan dolor. Es importante que el deportista realice actividades aeróbicas sin carga de peso, como natación o bicicleta.

 

  1. Es preferible evitar el consumo de anti-inflamatorios (como ibuprofeno o diclofenac), ya que existen estudios que indican que estos fármacos pueden obstaculizar la curación de fracturas.

 

  1. Conforme mejoran los síntomas, se debe incrementar gradualmente la actividad hasta la vuelta al deporte. Una vez alcanzada esta instancia, es imprescindible que el corredor no incurra en incrementos bruscos en la carga de entrenamiento y reciba una planificación sistematizada.

 

Con el deseo de que esta nota sea de agrado para los lectores de Kabrerix, nos despedimos nuevamente hasta el próximo encuentro!

 

 

Imagen de usuario | Diego Bordachar

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Diego Bordachar


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