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Tendinopatía Aquiliana

Dentro del espectro de lesiones que aquejan a deportistas de impacto cíclico, como corredores y saltadores, las que afectan al tejido tendinoso (tendones) se encuentran entre las más frecuentes y de mayor desafío para el Kinesiólogo, llegando a estadios crónicos en la mayoría de los casos. Por este motivo, cuando un corredor de larga distancia se enfrenta a este tipo de lesiones, tiene que tener presente dos consideraciones claves. En primer lugar, debe ser consciente de que el dolor no remitirá espontánea ni rápidamente. En segundo lugar, que la desaparición del dolor no significa que el tendón haya recuperado sus óptimas condiciones.

Otro punto importante que probablemente sea necesario aclarar, es el término “tendinitis”. Cuando se lee “itis” al final de un diagnóstico, significa que la estructura mencionada se encuentra inflamada. Sin embargo, esto no es necesariamente lo que está ocurriendo en un tendón doloroso, y en consecuencia, algunos prefieren emplear el término “tendinosis”, que implica que el tendón se encuentra debilitado por pequeñas lesiones no resueltas. El término “tendinopatía” es una forma de decir que el tendón se encuentra alterado sin hacer referencia a ninguna de las formas de lesión, y de hecho, dejando abierta la posibilidad de que coexista la inflamación con las pequeñas lesiones crónicas.

El tendón de Aquiles es una estructura de tejido conectivo denso formado por la unión de 3 músculos posteriores de la pierna, los gemelos interno y externo y el sóleo, que en conjunto conforman el tríceps sural. Su firme inserción a nivel del calcáneo (el hueso que da forma al talón) permite el movimiento de empuje durante la marcha y la carrera, por ello es una estructura de amplia demanda e implicancia en el corredor. Al estar sujeto a grandes fuerzas de tensión, es especialmente susceptible a lesionarse. Esto convierte a la tendinopatía aquiliana en una patología común del deporte, estando presente en el 55% de los atletas que realizan deportes de salto, en el 11-24% de los corredores, y en el 32-45% de los jugadores de voleibol y baloncesto.

 

Factores de riesgo

Al analizar los riesgos de una atleta a sufrir este tipo de lesiones, se llega a la conclusión de que existe un escenario multifactorial. Por un lado, la cantidad de sangre que llega a dicho tendón es baja en una determinada zona (la parte media del mismo), y este factor anatómica actúa como un como factor intrínseco. A su vez, el calzado con un drop muy bajo, la pronación excesiva del pie, el entrenamiento en una superficie inadecuada, una técnica deficiente, un volumen elevado de trabajo, la ausencia de descansos, y el acortamiento y/o debilidad del tríceps sural, son algunos de los factores estudiados que predisponen al desarrollo de lesiones en el tendón de Aquiles, siendo estos considerados factores extrínsecos.

 

¿Qué síntomas va a sentir el atleta?

El atleta con tendinopatía aquiliana experimenta dolor en la región posterior e inferior de la pierna, unos centímetros por encima del talón. Específicamente, el dolor se localiza sobre el tendón de Aquiles, y el sitio es fácilmente palpable y reconocible por parte del deportista. El dolor es de carácter progresivo, pudiendo al principio aparecer posteriormente a la actividad física (fácilmente confundible con el dolor post-ejercicio) y luego durante la misma, hasta el punto de interrumpir el entrenamiento o la competición. Además, puede llegar a percibirse un engrosamiento en el tendón, el cual puede ser fácilmente identificado ya que está bajo la piel. Por último, el atleta sentirá ese dolor al ponerse de puntas de pie, siendo una prueba muy sensible para detectar las tendinopatías aquilianas. Junto a los hallazgos clínicos, los estudios de imagen aportarán al diagnóstico definitivo, siendo la ecografía el de mayor aporte tanto para el diagnóstico más certero, como para la evolución del tratamiento.

 

¿Cuáles son los tratamientos más recomendables?

La primera medida a adoptar en un atleta con tendinopatía aquiliana, es la identificación y modificación de factores de riesgo extrínsecos. Esto es importante debido a que, independientemente de lo que se decida hacer desde el punto de vista terapéutico, si el atleta no los corrige el tratamiento se torna obstaculizado y aumentan la probabilidad de fracaso. El deportista debe ser especialmente consciente de que debe mejorar el manejo de las cargas, es decir, estar más atento a la relación entre entrenamiento y descanso. Más aún, en algunas ocasiones puede ser necesario interrumpir la actividad por un tiempo prudente, buscando minimizar la carga sobre el tendón para favorecer su reparación y aliviar la sintomatología.

Paralelamente, se deberá elaborar un plan de ejercicios, que constituye el tratamiento más aceptado y de mejores resultados, siempre y tanto sea realizado con un profesional capacitado e idóneo. El método más universalmente aceptado es de combinar ejercicios excéntricos e isométricos. Estos deberán acompañarse de ejercicios generales para toda la musculatura del tronco y las piernas, y de estiramientos de los músculos que presenten acortamientos. El plan de ejercicios tiene como objetivo restaurar la estructura del tendón y, por ende, debe tener una duración de 6 a 12 meses, aunque el dolor haya cedido. Esta recomendación debe ser tenida en cuenta, puesto que se trata de una patología con alta tasa de recidivas, lo cual significa que luego de un alivio temporal de los síntomas, el atleta puede volver a experimentarlos a corto o mediano plazo. Un ejemplo a este respecto es el del triatleta alemán Sebastian Kienle, quien atravesó 6 meses de tratamiento para la recuperación de su tendón que lo había dejado fuera del campeonato del mundo en 2018.

Espero que estas líneas sean de interés para los seguidores de Kabrerix, y saludo a todos calurosamente. ¡Hasta la próxima nota!

 

Imagen de usuario | Diego Bordachar

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Diego Bordachar


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