Salud

Natación: Dolor en el "hombro del nadador"

Natación: Dolor en el "hombro del nadador"

Desde tiempos inmemorables, el ser humano ha intentado dominar las aguas. La natación es una actividad única, esencialmente porque implica el uso de la parte superior del cuerpo como medio principal para impulsarse. De hecho, se ha afirmado que el 90% de la fuerza de propulsión en un nadador se genera a nivel del hombro. La gran concentración de fuerzas en esta articulación explica por qué el dolor de hombro representa el problema más común de los nadadores. Tanto así que entre el 40 y el 90% de estos atletas sufren de dolor en el hombro.

El “hombro del nadador” fue primeramente descrito en los años 70’ como un cuadro de fricción que afectaba al manguito rotador, un grupo de tendones cuya principal función es mantener la estabilidad de esta articulación. Se determinó que se producía como resultado de diferentes estilos de nado. Posteriormente, el espectro de lesiones agrupadas bajo dicho título se amplió. Se incluyeron otras como los desgarros del labrum (una estructura similar a un menisco de la rodilla), inestabilidad y disfunción muscular.

¿Por qué se produce el dolor en el hombro?

Varios factores propios de la natación aumentan el riesgo de desarrollar dolor en el hombro. Fundamentalmente, una brazada correctamente realizada necesita que el hombro alcance los límites de movilidad, junto con grandes fuerzas musculares aplicadas simultáneamente sobre la articulación. Independientemente del estilo de la especialidad, la mayoría de los nadadores, y especialmente los de triatlón y disciplinas similares, entrenan con el estilo crol. En líneas generales, cada brazada en estilo se desarrolla en 4 fases, como se demuestra en la siguiente figura.

La primera fase es la de entrada de la mano. En la misma, el hombro se encuentra en su máximo grado de elevación, y el nadador utiliza la rotación del tronco para aumentar el alcance natural del brazo, preparándolo para la propulsión. Esta acción comienza con una fase de agarre, en la cual se realiza la “búsqueda” del agua, y sigue con una fase de tirón en la cual el brazo describe un movimiento descendente y hacia adentro, hasta quedar en una posición aproximadamente perpendicular al tronco. Es precisamente en esta fase (la de tirón) cuando la mayoría de los nadadores percibe dolor. A partir de este momento, el brazo realiza un movimiento dirigido hacia afuera y arriba a mayor velocidad, hasta alcanzar el momento de salida del agua para comenzar la fase aérea. La brazada completa exige la participación y el esfuerzo de todos los músculos en diferentes momentos y magnitudes, y es por esto que la evaluación del nadador implica reconocer los movimientos indeseables que el mismo realiza para evitar el dolor, e identificar los músculos que se encuentran bajo sobrecarga.

El inicio del dolor en el nadador competitivo se produce comúnmente al aumentar bruscamente la cantidad de metros (es decir, la carga de entrenamiento) o como consecuencia de una mala técnica. Uno de los primeros signos que anuncian la presencia de un problema en el hombro, es la caída o menor elevación del codo durante la fase de recobro, que tiene el objetivo de reducir la rotación del brazo para evitar la experiencia dolorosa. También puede ocurrir que el nadador saque anticipadamente la mano del agua, lo cual resultará luego en una menor elevación del codo. Estas manifestaciones tempranas visibles al ojo del entrenador y el Kinesiólogo, se acompañan de alteraciones como desbalances musculares, cambios en la posición del omóplato y menor estabilización del hombro.

Las lesiones más frecuentes de hombro de nadador

La inmensa mayoría de los problemas del hombro de los nadadores se deben al sobreuso, es decir, a la acumulación de entrenamiento con poco tiempo de descanso. La natación es esencialmente un deporte de resistencia. Incluso los “sprinters” necesitan recorrer decenas de miles de metros por semana, de manera que la fatiga es siempre una amenaza. Como se dijo previamente, el abanico de lesiones que pueden agruparse dentro del término “hombro del nadador” es amplio, e incluye:

  • Síndrome de fricción subacromial. Cuando un nadador recibe este diagnóstico, se entiende que existe un conflicto de espacio entre el omóplato y el húmero (los dos huesos que conforman la articulación del hombro), razón por la cual el deportista también puede recibir otras etiquetas diagnósticas relacionadas, como bursitis o tendinitis del manguito rotador.
  • Hiperlaxitud. Aunque el hombro del nadador requiere de cierta laxitud, en un 20% de los casos la misma es excesiva y conduce a sobrecarga muscular. Además, la hiperlaxitud puede favorecer la fricción subacromial, previamente descrita.
  • Diskinesia escapular. Esta alteración no es un diagnóstico por sí sola, sino una anomalía que puede estar presente en diferentes tipos de lesiones. El movimiento completo del brazo requiere a su vez de un movimiento adecuado y sincronizado del omóplato; cuando el omóplato se mueve sin una correcta estabilidad, lo cual se debe generalmente a desbalances musculares, el hombro queda expuesto a sobrecarga. Nuevamente, la fatiga muscular tiene un papel central en la aparición de diskinesia.
  • Déficit de rotación interna glenohumeral. Se refiere a una disminución de la movilidad del hombro, que ha sido más estudiada en los deportes de lanzamiento, pero que puede estar presente también en los nadadores. Junto con la diskinesia, alteran el funcionamiento normal del hombro y favorecen la lesión.
  • Lesión labral. Se refiere a la lesión de un anillo fibrocartilaginoso (similar a un menisco de la rodilla, como se explicó anteriormente) que se encuentra dentro de la articulación y se denomina “labrum”. Este puede desgarrarse o desprenderse, generalmente como resultado de la repetición de las brazadas, la falta de movimiento en el hombro y la disquinesia escapular.

Una adecuada evaluación realizada en la primera consulta, ya sea por un Médico o un Kinesiólogo, puede detectar una o más de estas alteraciones. Es por este motivo que el hombro del nadador, al igual que otras lesiones por sobreuso, requiere de un examen físico exhaustivo.

Rehabilitación de hombro de nadador 

El tratamiento de este cuadro doloroso es eminentemente conservador, lo que significa que en la mayoría de los casos no será necesaria la cirugía. Si bien es cierto de que se debe individualizar el tratamiento, y que no todos los casos requerirán de las mismas intervenciones, los pilares del tratamiento en líneas generales serán los siguientes:

  1. Corregir la técnica y la carga de entrenamiento.

Las recomendaciones para la mayoría de los nadadores serán disminuir la rotación interna del brazo durante la fase de propulsión, y mejorar la rotación externa del brazo, retraer el omóplato y aumentar la rotación del tronco durante la fase de recobro. Por otro lado, será muy importante que el nadador reduzca la carga de entrenamiento; esto permitirá aliviar más rápidamente los síntomas y acelerar la recuperación.

  1. Disminuir el dolor.

A menudo, la primera propuesta para lograr este objetivo son los antiinflamatorios. Sin embargo, existen datos que indican que la medicación utilizada para estos fines puede retrasar y/o perjudicar la adecuada cicatrización de la lesión. Por lo tanto, el nadador puede preferir controlar este síntoma con la aplicación de frío, tanto después del entrenamiento como a lo largo del día según su disponibilidad de tiempo.

  1. Ejercicios de fortalecimiento muscular

Un programa correctamente diseñado de ejercicios de fortalecimiento muscular progresivo, será la medida infaltable para todo nadador. Los mismos deberán estar dirigidos a los músculos periescapulares y a los del manguito rotador. El entrenamiento progresivo puede incrementar la resistencia a la fatiga y, por lo tanto, reducir significativamente la frecuencia e intensidad de los episodios de dolor. Es necesario tener en cuenta que una rutina convencional de ejercicios de gimnasio no es lo más recomendable en estos casos. En cambio, revertir los desbalances musculares que favorecen la aparición de dolor exige de ejercicios específicos aplicados con una dosificación adecuada.

  1. Elongación

En caso de detectar acortamientos musculares, éstos deberán ser tratados con ejercicios de elongación. Los músculos que más frecuentemente necesitan ser estirados son los pectorales, los dorsales y los rotadores del hombro. Es muy importante que el nadador los realice en su domicilio y que los incorpore a su rutina de entrenamiento y de entrada en calor.

  1. Otras intervenciones.

Las medidas adicionales que pueden ser útiles para complementar las anteriores incluyen el vendaje, los ejercicios para estabilización lumbopélvica (también conocidos como ejercicios para el core) y los ejercicios de movilidad de tronco.

Conclusión

Todo nadador con dolor en el hombro debe entender que, así como el dolor aparece con la sobrecarga e implica múltiples factores, la recuperación requerirá de un tiempo prudente para disminuir la sensibilidad del hombro ante el movimiento y de un programa de rehabilitación correctamente diseñado y dirigido, del cual el deportista debe formar parte de manera activa. Un nadador ansioso, que no coopere con las indicaciones del profesional, o un profesional que no contemple todos los aspectos del deporte, pueden obstaculizar la recuperación.

Con el deseo de que estas líneas sean de ayuda para los lectores de Kabrerix, ¡los saludo calurosamente hasta la próxima nota!

 

 

 

 

 

Imagen de usuario | Diego Bordachar

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Diego Bordachar


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